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Acto conmemorativo por el tercer aniversario de la tragedia de Once

COMUNICADO DE LOS FAMILIARES LEIDO A LOS TRES AÑOS DE LA TRAGEDIA EN PLAZA DE MAYO / Hace hoy tres años, el país se sacudía, y nuestras vidas cambiaban para siempre. La nuestra, pero también la de ustedes. Esa mañana de febrero la cara más visible de la corrupción, la muerte, nos arrancaba de la mano a 52 mujeres, hombres, niños, todos gente de bien, trabajadores y estudiantes que creían, y crecían, en este país. Por estas horas, recorríamos hospitales, clínicas, comisarías y morgues, llevados por la desesperación, sin rumbo fijo, y preguntándonos un porqué sin respuesta. Hasta que, con cada muerte confirmada, el dolor nos pegó un golpe injusto y descarnado. Un golpe del que nunca podremos levantarnos del todo, pero que aún así, no nos ha vencido.

El tiempo, ese que nunca podrá curar una herida semejante, ha pasado, despiadado con nosotros, remarcando una y otra vez, las ausencias físicas de los que nunca dejaremos de extrañar. Y así como ha quedado tantas vidas irremplazables en el camino, también hemos sabido levantarnos, codo a codo y sosteniéndonos entre nosotros. Y también por toda la sociedad que siempre guarda en su corazón una lágrima para los muertos de Once.
Por tercer año consecutivo estamos en esta plaza de todos, plaza de los dolores y de las alegrías argentinas. La plaza de los reclamos, de las voces alzadas, de las voluntades unidas. Esta plaza del pueblo, en la que una vez mas estamos, dándole la espalda al refugio del poder político, pero de frente a ustedes, los que no nos han dejado solos ni un solo minuto de estos más de mil días de tristeza y dolor interminables. Han estado a la par nuestra caminando juntos el difícil trayecto que separa a la impunidad de la justicia.

Todavía falta mucho, y habrá muchos escollos que vencer, pero desde principios del año pasado hemos logrado, juntos, poder ver a los procesados rendir cuentas al Tribunal Oral Federal número 2. El Juicio oral y público por la tragedia de Once comenzó el 18 de marzo de 2014 y a la fecha tuvo ya, 71 audiencias. Todos los días, representantes del grupo de las familias se sientan no solo a escuchar los testimonios sino a reafirmar la lucha y mostrarles a los imputados, jueces y a toda la sociedad que este grupo no negocia, ni lucra, ni claudica. La búsqueda de justicia que se inició el mismo día de la tragedia se mantiene de pie y con el apoyo de todos y cada uno de los argentinos que saben que nuestro objetivo es la condena para cada uno de los responsables tras un juicio intachable, como el que se está desarrollando. Pero audiencia tras audiencia los familiares tenemos que escuchar a los imputados balbucear excusas y echarse culpas unos a otros.
Así Marcos Córdoba, motorman del chapa 16 declaró que el tren NO LE FRENO al entrar a la estación Once, aunque omitió contar que en dos estaciones el tren se pasó de largo lo que evidenciaba claros problemas de frenos. Deberá responder porque tomó la decisión de continuar el trayecto, aún sabiendo de esa circunstancia, aunque sabemos que no es el responsable del estado deplorable de la unidad que tenía a su cargo.
El ex Secretario de transporte al momento de la tragedia, Juan Pablo Schiavi. dijo no entender porque estaba citado. Dijo que no había otra explicación que no sea que al motorman “algo le pasó”. Obviamente omitió hablar de falta de control de la secretaría que estaba a su cargo el 22 de febrero.
Lo mismo hicieron Antonio Sicaro y Pedro Ochoa Romero, ex interventores de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT),y Antonio Luna, ex subsecretario de Transporte Ferroviario, quienes defendieron su gestión, atacando como todos, la instrucción de Juez Bonadío. Pero de autocrítica, un una sola palabra. El colmo de la vergüenza ajena fue escuchar a Ricardo Jaime, ex secretario del Transporte, quien manifestó que este Juicio era una clara acción de ataque a la política del kirchnerismo. Todos sabemos que fue, justamente esa política la que llevó a la muerte a nuestros familiares. La tragedia solo pudo ocurrir en el marco de descontrol que estos “señores” generaron a los largo de más de 10 años en el poder. Todos ellos desligaron su responsabilidad, y aun pretenden demostrar que la responsabilidad del choque se limita al día de la masacre, sin que se analice las causas que motivaron la tragedia en relación con el estado de los trenes y el Servicio. No se lo vamos a permitir.
Tuvimos que escuchar también a Mario Cirigliano, que se limitó a decir que él no tenía vinculación con los trenes dentro del llamado “Grupo Cirigiliano” y que por ello no tiene responsabilidad alguna en la tragedia. Pero hoy podemos afirmar que cuando este juicio termine quedará en claro para todos que atrás del desastre está el negocio millonario sostenido en la falta de mantenimiento de los trenes y la ausencia de control estatal.
Sergio Claudio Cirigliano, dueño de la empresa Cometrans controlante de TBA, defendió la gestión del Sarmiento, negó el deficiente estado de los trenes y servicios, y sin referirse al tema económico, cargó toda la responsabilidad en una mala maniobra del maquinista.
Ninguno de los imputados hizo alusión a que fue el estado calamitoso del tren chapa 16 que sumados al deficiente parachoques, actuaron como una trampa mortal para los pasajeros, transformando la colisión en tragedia.
Pero luego comenzaron los testimonios de los más de 330 testigos ofrecidos por todas las partes y los primeros citados fueron aquellos sobrevivientes de la tragedia, pasajeros todos ellos del tren chapa 16. Entre todos se destacó el testimonio de Norma Barrientos, quien además de viajar en el tren y ser una herida perdió a su hija adolescente en ese viaje. Su testimonio conmovedor sirvió como tantos a otros para probar el calamitoso estado del servicio y de los trenes en sí. Una treintena de pasajeros le narraron al Tribunal la forma en que se viajaba: apretados, sin lugar, unos sobre otros, entrando por ventanas, sin horarios ni límite de pasajeros y en situaciones de inseguridad constante. Describieron con lujo de detalles el estado de los trenes: rotos, corroídos, con agujeros en paredes y pisos, sin ventanas, con puertas que no cerraban, con goteras, etc. Las espantosas condiciones del servicio también fueron descriptas: no tenían horarios, las demoras eran constantes, y no existía el control por parte de la empresa. Esa fue la verdadera política ferroviaria de la última década y no el desesperado intento actual por tapar e intentar hacer olvidar sus culpas.
Ejemplo de esto, es lo declarado por el Jefe de Gabinete, el día jueves, culpando a los gobiernos anteriores por la falta de inversión. Nada hay nada más triste para un pueblo que un gobierno necio y que se esfuerza por tapar el sol con la mano. Y día tras día, las palabras del Jorge Capitanich lo confirman.
Es cierto que durante los 90 los tendidos ferroviarios se desguazaron. Se destrozó el motor de crecimiento que significan los trenes, y la patética frase “ramal que para, ramal que cierra” se volvió una oprobiosa realidad. Pero eso es tan cierto como que este proyecto de gobierno tuvo 9 años desde que asumió el poder para cambiar la flota de trenes y evitar una masacre como la ocurrida hace hoy tres años. ¿De qué gobiernos anteriores hablan? Sus funcionarios ignoraron denuncias, condonaron multas, e hicieron oídos sordos a las denuncias de trabajadores y usuarios. El gobierno de Néstor Kirchner, y los posteriores de Cristina Fernández de Kirchner tuvieron el tiempo, y el dinero para evitarnos este dolor. No solo no lo hicieron, sino que cobijaron bajo su ala uno de los ejemplos más terribles de la corrupción de este gobierno. Mientras se sacaban fotos con los Cirigliano, Jaime se enriquecía de manera obscena. Por ello, hoy en día tiene múltiples causas por enriquecimiento ilícito que avanzan inexorablemente a su condena.
La verdad de lo sucedido desde 2003 a 2012 fue el abandono. Lo de ahora es una inversión tardía y una desesperada búsqueda de votos, sin que los muertos les importen.
A nosotros SI NOS IMPORTAN, a ustedes SI QUE LE IMPORTAN LOS MUERTOS, Y A LOS ARGENTINOS DE BIEN, TAMBIEN LES IMPORTAN.

Ya probamos que todas esas circunstancias se juntaron en el chapa 16, que circuló de Moreno a Once, un día después de 2 feriados de carnaval, saliendo con demora y abarrotado de gente, con la conducción del maquinista Andrada, fallecido en un confuso episodio de violencia y luego por el procesado Córdoba, con gente aprisionada una contra otras y entrando por donde podían.
Esta situación fue, precisa y dolorosamente expuesta por la segunda tanda de testigos, que fueron los socorristas del SAME, entre los que se destacó su titular Alberto Crescenti. Los bomberos y personal de TBA Y PFA que intervino también confirmaron esas circunstancias.
Que a todos les quede claro, la situación descripta por ellos, fue reveladora sobre las verdaderas causas de las muertes, quedando probado que las mismas en su mayoría fueron posteriores al impacto, y que podrían haberse evitado si el tren no se cedía en su estructura y si no se producía el “acaballamiento” del 2º vagón sobre el 1º y del 4 sobre el 3. Fue terrible escucha al Dr. Crescenti contar que la asfixia por aplastamiento se torna irreversible en 45 minutos, y a la vez escuchar que las demoras para la extracción de heridos demoraron hasta 4 horas sacando al primer sobreviviente a las 2 horas del impacto. Eso demuestra además, la escasa preparación previa para esta clase de desastres.

Los testigos pasaron y tres de ellos han sido procesados por falso testimonios por negarse a contar la verdad. Pero no tengan dudas: la verdad igual aparecerá. Las numerosas irregularidades en situaciones de seguridad y frenos quedaron evidenciadas en el hecho que ningún tren circulaba con repuestos originales. Todos ellos lo hacían, además, con al menos 2 compresores por debajo de la cantidad requerida. Así mismo, quedó probado que los trenes como el chapa 16 tuvieron su última revisión general en el año 1997, esto es 15 años antes de la tragedia. Solo esta mención alcanza para tener una idea del estado de las chapas de esos coches.
¿Dónde estaban los que debían controlar? Ausentes, y permitiendo que los pasajeros arriesgaran su vida en cada viaje.
Hoy, no solo la parte mecánica demuestra la responsabilidad. También se está probando que TBA tercerizaba sin sentido tareas que podía realizar con su propio personal, como reparaciones y monitoreos. Todas ellas se facturaban a un costo superior al mercado, en firmas propiedad del grupo Cirigliano y desde las propias Oficinas de TBA en Retiro u Once. El afán de lucro desmedido y la corrupción mostraron su cara antes y después de la tragedia. Y tiene nombres y apellidos.

Con testimonios de otros maquinistas y técnicos quedó probado que ese tren no tuvo control de pasajeros. Que los mismos excedían su capacidad, que circuló siempre con problemas de frenado, y lo que es más grave, que ante el impacto cedió actuando como una trampa mortal, pues la chapa corroída por el óxido aprisionó a los pasajeros siendo ésta la principal causa de las muertes.
Hoy ya estamos en la última etapa del debate oral. Analizando la pericia técnica resulta claro y contundente que la misma fue dirigida a limitar la responsabilidad de lo empresarios y funcionarios, cómplices en el abandono del servicio. Ya en la primera intervención de un perito de parte de la CNRT su miserable tarea quedó al descubierto.
No solo se evidencian las claras omisiones, el análisis parcial y dirigido de la mayoría de los peritos. Lo que es más grave quedan en evidencia los datos falsos que incluye el informe técnico.
Ya no nos queda duda que el mismo está plagado de mentiras mal intencionadas y que toda la pericia pretende exonerar de culpa a los funcionarios y sus socios, los Cirigliano. También perseguiremos a los responsables de esta burla. NADIE VA A QUEDAR IMPUNE

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