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Malvinas: seguimos sufriendo derrotas

En esta columna, Guillermo Caviasca analiza la declaración dada a conocer el pasado 13 de setiembre entre la cancillería argentina y el encargado de Commonwealth. La misma es una vuelta de tuerca más y actualiza el camino iniciado en 1989/ 90 con los acuerdos de Madrid 1 y 2 firmados por Carlos Menem.

La declaración es la reubicación de la diplomacia “nacional” en la órbita de los intereses británicos, profundiza lo hecho por el menemismo, haciendo cada vez mas profunda la derrota del 82. Busca modernizar algunos puntos con las nuevas perspectivas hidrocarburíferas (potenciales aún) y geopolíticas, no incluye el tema militar ya que las FFAA argentinas no existen como amenaza ni siquiera teórica, pero si destaca cuestiones diplomáticas y jurídicas que molestaban a la potencia colonial ocupante. También desarrolla un ítem en línea de reafirmar el tratado bilateral de inversiones heredado del menemismo. El acuerdo se propone en un momento difícil para Inglaterra, con su salida de la UE y con el agotamiento del petróleo en el mar del norte, situación que por el contrario debería haber favorecido una presión más agresiva de nuestro país.
La política que se reimpulsa, los convenios y propuestas de acuerdo que se desprenden de ella, se asemejan a los tratados que durante el siglo XIX las potencias coloniales imponían a los estados que se sometían a vasallaje con status de semicolonias. Viola la constitución nacional, al tratar como negocio con países extranjeros la explotación de recursos de un territorio definido en la carta magna, específicamente, como sujeto a reivindicación.
Hablar de “infame traición a la patria” no suena exagerado, sin embargo el tema Malvinas y las políticas que describimos se encuadran en una línea que abarca a personajes más numerosos que los de la actual gestión, como vimos, y que se extiende a cuestiones mas amplias que Malvinas.

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