DocumentosÚltimas

Comandante Chávez: nuestro desafío es hacer realidad la emancipación de América Latina

¿De dónde provienen las ideas correctas? ¿Caen del cielo? No.
¿Son innatas de los cerebros? No.
Sólo pueden provenir de la práctica social. MAO

Una acertada teoría revolucionaria sólo se forma de
manera definitiva en estrecha conexión con la experiencia
práctica de un movimiento verdaderamente
de masas y verdaderamente revolucionario. LENIN

Por Guillermo Caviasca
Barricada TV

La muerte de Hugo Chávez era previsible, su cáncer recurrente no podía preanunciar otra cosa que este final. Sin embargo el dolor que nos produce su partida es muy grande. Su relativa juventud, -ya que 58 años no es mucha edad para un líder de masas-, hicieron sentir su pérdida. Su simpatía, su carisma, que supo ganarse el corazón de muchos a lo largo del mundo y especialmente en Nuestramérica, fueron, sin dudas, más elementos que agrandaron el dolor. Pero sobre todo, esa sensación de “imprescindibilidad” que rodea a los líderes de este tipo, a los caudillos de masas.

Este es el más importante factor de nuestras preocupaciones. En general todos los procesos de cambio profundos dependen para su materialización de dos cosas: -que las clases oprimidas estén desafectas con el sistema político imperante -o sea que haya una crisis de hegemonía-. Que los sectores dirigentes que expresan en política la reproducción del sistema del capital, tal como las CD lo articulan en ese tiempo histórico, ya no puedan garantizarlo. Pero esta desafección no es suficiente. Debe surgir complementariamente una dirigencia que exprese esa desafección y que sea alternativa a todo lo existente. Una nueva dirigencia que se “suelde” con esas masas y proclame una nueva forma de hacer política y una nueva organización de las relaciones económicas capaz de expresar las expectativas de los oprimidos.

Estas dos situaciones se dieron en Venezuela en un plazo de 3 años. Primero con el “caracazo” del 89 y después con el intento de golpe de estado del Tnte. Cnel. Hugo Chávez en el 92. En 1988 Carlos Andrés Pérez resultaba electo con el 53% de los votos en medio de una crisis económica que empobrecía a una estructura social muy vulnerable, acostumbrada a funcionar a través de la renta petrolera. Sin colchones económicos de otro tipo (poca industria, campo improductivo), Venezuela parecía una “monarquía del golfo”. Pérez (Socialdemócrata), visto con buenos ojos por el progresismo latinoamericano, era parte del sistema bipartidista denominado del “punto fijo”, en el cual socialdemócratas y socialcristianos se repartían el poder y el estado, garantizando la estabilidad democrática desde la caída del dictador Pérez Giménez en el 58. Pérez acordó con el FMI un plan económico de ajuste que ahondó la pobreza. El 27 y 28 de febrero de 1989 la población pobre salió a la calle por hambre. Comenzaron los saqueos y el ejército fue llamado a reprimir. El número de muertos es difícil de estimar, oficialmente entre 300 y 400 muertos aunque otros hacen elevar la cifra a más de 1000. Imposible de asegurar en una sociedad donde cerca del 80% de la población era pobre y estaba fuera de la Venezuela oficial que disfrutaba la renta petrolera. Con la represión del caracazo murió el régimen y quedo “flotando”, sin capacidad de ejercer hegemonía real.

El segundo elemento necesario, el surgimiento de una dirigencia se dio el 4 de febrero de 1992, cuando un grupo de 2300 militares de la logia Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 se sublevó en diversas unidades en el país buscando terminar con el régimen de la democracia neoliberal. En varios puntos de Venezuela los hombres del entonces joven Teniente Coronel tuvieron éxito. Pero en la estratégica Caracas Chávez fracasó y tuvo que rendirse ante las fuerzas leales al gobierno. Sin embargo una serie de circunstancias permitieron que las masas populares conocieran al hombre que lideró el intento golpista y sus ideas e intenciones. Al hablar ante las cámaras de TV fue visto por la población como uno de ellos y sus consignas de rescate nacional y de justicia social, empezaron a ser escuchadas. Un lenguaje nuevo apoyado por los hechos de las armas, por una rebelión que implicaba jugarse la vida y la libertad, y desde afuera del sistema, eso fue lo que hizo que comenzara a soldarse una nueva unión. Una unión entre oprimidos y líder, entre pueblo, nación y dirección político-intelectual, un nuevo bloque histórico, particular de las condiciones latinoamericanas. Nacía un nuevo caudillo popular en América latina. Es bueno recordar que en 1992 gran parte de la izquierda y del sindicalismo socialdemócrata argentino, salió a respaldar la “democracia venezolana” contra el “carapintada Chávez”. Demostraron lo que es para ellos la democracia: una forma pacífica de buscar consensos políticos, sin importarle la naturaleza destructiva del “régimen” noventista. Formas y no fondo, el progresismo siempre tuvo sus límites en ser una variante del orden.

¡Cuánta potencia y cuanta debilidad encierran esos liderazgos! La muerte de Chávez nos abre todos los interrogantes sobre la continuidad del proceso popular. Un líder con cierto parecido, como el General Perón decía allá por los cincuentas que “solo la organización vence al tiempo”. Surgido en un país económicamente más avanzado y con una clase obrera fuerte y organizada, con una diversa clase media, Argentina contaba con muchos elementos para hacer su transformación. Sin embargo avanzó mucho, pero no lo suficiente y el peronismo se transformó en una fuerza política popular del sistema, otro partido del orden. Quizás, por eso Perón recordaba que los movimientos que dependen de un líder mueren con él, e insistía en la necesidad de una organización que reprodujera los principios básicos del movimiento. Los prejuicios anti izquierdistas del general argentino impidieron que “la organización venciera al tiempo” y lo reemplazara. Pero el “bloque histórico” nacido con la unión de Chávez con los oprimidos de Venezuela no tiene ese límite. Chávez caudillo indiscutido, y sin dudas opacante de toda posibilidad de conducción colectiva, ejercía su influjo sobre todas las actividades y programas políticos y económicos, con enorme potencia pero sin mediaciones organizativas. Es la naturaleza de estos procesos en países donde la gran parte de la intelectualidad “dirección intelectual y moral” esta alienada y hasta detesta a su propio “pueblo nación”, siendo reemplazada en muchos casos por las FFAA. Pero esto tiene un límite, el Estado, la sociedad en general, necesita una nueva hegemonía de carácter popular, necesita parir nueva dirigencia revolucionaria. La elección de un hombre como Maduro, salido de las filas del sindicalismo, parece ser un hecho interesante, puede interpretarse como la decisión de respaldar la continuidad del proceso en la clase fundamental, la obrera, la que hace mover la economía y puede mover la historia. Si el poder hubiera recaído, completo, en las FFAA hubiera sido un signo de debilidad.

Chávez había nacido a la vida política como adherente a las ideas del general peruano Velazco Alvarado, un punto de partida no “democrático” en el sentido liberal, pero sin dudas profundamente nacionalista y social, sin resquemores hacia el marxismo. Pero ¿qué es la “democracia”? Es bueno en este momento volvernos a plantear el tema, ya que desde diversos ángulos le critica su “autoritarismo”. Autoritarismo a un hombre que compitió en más procesos electorales tradicionales que ningún otro, perdiendo uno solo (“raspando”), y aceptando el resultado. Chávez apareció en la cancha grande mediante un intento de golpe de estado contra una democracia parlamentaria que reunía todos los requisitos de república y liberalidad. Sin embargo el golpista Chávez era, aún antes de ganar las elecciones, “más democrático” que sus democráticos rivales. Allí está la clave dos visiones diferentes de democracia. En nuestra historia nacional hay mucho para entender esto. Nuestra república se fundó sobre la derrota de la “democracia de masas” nacida en la Independencia, y tuvo como norte el enclaustramiento en una “democracia de elites”. Así lo expresaron nuestros próceres “democráticos” como Mitre. Ese fue el programa efectivo de nuestros máximos republicanos, Sarmiento y Alberdi. Plena libertad económica, para los capitales, manejo político cerrado a los que “saben”. Hubo que esperar mucho para que esto cambiara, y sólo el peronismo en 1946 abrió la sociedad política a la clase trabajadora.

Chávez reintrodujo en la vida política a la mayoría de la población venezolana y eso es imperdonable para los que hasta ese entonces detentaban el monopolio de la política, la cultura, la economía etc. Como suele suceder con este tipo de liderazgos, se proyectó sobre Latinoamérica en un momento especial. Hay momentos, hay fotos, imágenes, que son el signo de una época, la foto de los presidentes latinoamericanos, Menem entre ellos, allá en los primeros noventas con Fujimori, Lacalle, Color, Salinas de Gotari, Andrés Pérez etc., rodeando a Bush padre e iniciando las relaciones carnales (provinciales) con los EEUU. Era el consenso de Washington, de la democracia de libre-mercado, de la alineación automática con EEUU. Pero en 1992 Chávez golpeó al primero de esos “demócratas” y en los años siguientes los pueblos comenzaron a decir basta. En algunos países cambió muy poco, a tono con el cambio de la economía mundial, en otros mucho. Venezuela es uno de los países donde más cambió, conscientemente, con un programa concreto de nacionalizaciones y elevación social y cultural de la población.

Sin dudas estas actuales imágenes del funeral de Chávez, con el presidente iraní y las ovaciones de que fue objeto, nos muestran al indiscutible impacto de su política internacional, su tremenda influencia en la región y el mundo. Es probable que el 2001 hubiera sucedido en Argentina con o si Chávez, o que el PT llegara al gobierno de Brasil o que Evo, etc.… Pero sin Chávez, el punto de equilibro de la política de América Latina, y las expectativas reales de hasta dónde se puede intentar ir en los cambios, se hubiera mantenido “moderado”. El neoliberalismo duro hubiera acabado y quizás el ALCA tampoco se hubiera impuesto, porque eso es una cuestión de modelo económico regional y de interés de las clases dominantes de países relativamente fuertes como Brasil. Pero no se hablaría de “socialismo”, ni de “antiimperialismo”, ni se discutirían con una base material y ejemplos concretos las ideas de poder popular y nacionalizaciones masivas, no se buscaría el acercamiento y solidaridad con otros países oprimidos que se planten en la lucha por la independencia. Como política razonada el chavismo aparece disruptivo, justamente por ser “razonado”. Por eso el “consenso de Washington” sería imposible (por ahora) gracias a él. Y por eso Chávez fue y es tan odiado por los imperialistas del mundo.

Muchos compañeros de izquierda discuten el carácter socialista del proceso venezolano. Es socialista: tiene nuestro apoyo; si no lo es, es entonces en un engaño burgués. ¡Qué simplificación! Dónde se dio un proceso revolucionario tan claro como para que “el socialismo” apareciera en toda su dimensión desde el primer momento; ¿qué es el socialismo?, deberíamos preguntarnos. ¿Propiedad estatal generalizada de los medios de producción? Forma expedita de hacer desaparecer a la burguesía. Después de los fracasos de esas experiencias deberíamos cuestionarlo. Quizás deberíamos medir el grado de progresividad de un sistema por la capacidad de alterar la relación de fuerzas entre las clases en forma favorable a la clase trabajadora. Esto implica que tanto a nivel de medios de producción como a nivel Estado, los trabajadores y demás clases populares tengan un poder diferencial que los coloque en capacidad de discutirle a las antiguas clases dominantes el rumbo del país.

Y creemos que eso sí se dio en Venezuela. Quizás no lo suficiente. Pero sin dudas hoy el pueblo venezolano tiene más poder que hace 20 años. Y esto no es sólo simbólico. Es la “intención” explícita de Chávez. La reforma de la constitución que fue rechazada por la población es una muestra de dos cosas. La primera, que había voluntad de constitucionalizar avances notables para una república democrática, como son las comunas y el poder popular, las milicias, la propiedad social, la relativización del derecho de propiedad, etc. La segunda, que la mayoría simple de la población rechazó tales avances ¿Qué nos hace pensar que “el socialismo” que muchos exigen hubiera sido respaldado por la población? El “socialismo” requiere conciencia y organización, un salto que no es voluntad de un grupo sino un proceso de todo un pueblo.

Entonces vemos un último elemento interesante. Qué similitudes y diferencias hay en esta “ola latinoamericana” pos neoliberal. Lula y Vilma, Evo, Correa, Tabaré y Mujica, Néstor y Cristina, ¿tienen el mismo significado social y geopolítico, como los publicistas argentinos del nac&pop y la derecha se empeñan en señalar? Primero debemos aclarar que para nosotros es equivocado cualquier “escapismo latinoamericano” que por una deseable gran patria nuestroamericana a construir, desatienda las contradicciones de la existente y aún incompleta “patria argentina”, en pos de que Chávez nos liberará a todos. Partiendo de esta idea, vemos que todos los mencionados presidentes son hijos de la crisis del modelo neoliberal; algunos son hijos directamente de su derrumbe, como Chávez, Evo, Correa y Néstor. Otros de una transición más ordenada. Todos se apoyan en la exportación de bienes primarios agrarios y mineros en forma desorbitada y esto es parte del modelo de acumulación de capitales a nivel mundial. Todos impulsan la necesidad de un mercado regional y una interacción económica y política que permita que la región proteja la capacidad de sus capitalistas de acumular contra la voracidad del mercado mundial y las potencias. Todos desarrollan un sistema de “planes de contención social”. Similitudes, que podríamos extender hasta a los gobiernos reaccionarios de la región, ya que fueron inicialmente propuestas del Banco Mundial y otros centros del poder mundial (como el hecho de avanzar en reformas liberales que no afecten el poder de las CD o desarrollar una amplia cobertura asistencial). Algunos las considera suficientes para decir “son lo mismo, van en el mismo sentido”. Pero eso sólo es así si miramos las cuestiones de la macroeconomía, con mente capitalista: el Mercosur es mejor que el ALCA para los capitalistas que operan en nuestro país. La integración económica regional permite la explotación de nuestros recursos y la integración en escala de nuestras economías. Sin integración regional el saqueo minero y el boom automotriz en Argentina serían imposibles.

Pero ahí terminan las similitudes. Las diferencias son estratégicas. Primero el rol dado a la presencia concreta de las masas, a su movilización y a su acción directa en el plano de la política, la comunicación y la economía es opuesto en Argentina y Venezuela. Segundo, el proceso de nacionalizaciones es de naturaleza opuesta; mientras que en Argentina se nacionalizan empresas en “última instancia” porque el capital las ha quebrado y el país debe hacerse cargo de su reconstrucción, en Venezuela se nacionalizan empresas exitosas, para ponerlas al servicio de un plan consciente de desarrollo económico nacional. Si bien ambos países dependen en gran medida de la exportación de bienes primarios, es paradójico que Argentina (mucho más desarrollado industrialmente) no ha impulsado en crecimiento o refundación de alguna rama de la producción industrial ni desarrollado emprendimientos “de base” en gran escala, acorde con un proyecto de “independencia económica”. Sólo (por razones de necesidad) orienta a los capitalistas privados por medio de subsidios y trabas para que hagan crecer nuestro “motor secundario”, la industria. Mientras que en Venezuela (mucho más atrasada) el desarrollo de las industrias de base, la transferencia de conocimientos y la creación de plantas nuevas de producción de maquinaria, es un esfuerzo estatal permanente.

En cuestiones geopolíticas las diferencias son claras también. En Venezuela la “defensa nacional”, la participación y preparación popular en los asuntos militares es una tarea estratégica, cuyo fin es ubicar al país como una voz independiente. El kirchnerismo adolece de una despreocupación por lo militar (en realidad “lo militar”, la defensa, es pensada por el Kirchnerismo en sentido inverso al Chavismo e inclusive al Brasil, como un problema a esquivar) y existe, en consecuencia, una “ajenidad” respecto del pueblo y la defensa nacional cuyo resultado es el abandono de toda política de largo plazo que implique que nuestro país tenga un rol propio mas allá de la geopolítica de Brasil, Venezuela u otro país con proyecto estratégico nacional. Chávez operó internacionalmente para estructurar un eje de países ajenos a la hegemonía occidental y aumento la vinculación económica, militar, tecnológica y política con las alternativas existentes (Irán, Rusia, China, el ALBA en América latina). Si bien es cierto que sigue dependiendo de la compra de petróleo por los EEUU, es una tendencia que se deberá revertir en el futuro por razones de que la misma economía yanqui está encontrado recursos propios, y porque los ingresos petroleros deberán ser reemplazos con soberanía alimentaria y desarrollo industrial. Argentina “depende” en menor medida de la venta de soja a China, pero a cambio de productos manufacturados que están reeditando la antigua relación perversa que deformó nuestro desarrollo en la época de la república oligárquica (con la misma alegría). Lo de las autopartes de Brasil también es preocupante, es una dependencia más manejable pero… Argentina se mantiene lejos de los “cucos” del mundo, y los Kirchner se esfuerzan en hacernos ver como civilizados con un cierto grado de independencia. Argentina en todos estos años pareció ser un contrapeso moderador del Chavismo en Latinoamérica. Un “tercerismo” que aparece como un intento de quedar bien con “dios y el diablo” en un mundo en donde sólo hay dos bloques: el imperialismo occidental y los países que luchan por su independencia.

Sin dudas Chávez fue lo más avanzado y popular de esta etapa de la historia latinoamericana. Venezuela tiene debes, no podemos negarlo: aun es una economía débil. Pero nos preguntamos, ¿usar los recursos de la renta petrolera para dignificar a las masas oprimidas y embrutecidas por generaciones no es un prerrequisito para poder hacer una revolución industrial que coloque a ese país hermano en el nivel de cultura y desarrollo de los países avanzados? Creemos que sí. Que es el reto de toda revolución superar los problemas sociales, organizar a las masas inmortales para que estén en condiciones de hacerse cargo de su futuro más allá de los líderes que son mortales. Chávez se fue antes de tiempo y dejó una serie de desafíos: el más importante es demostrar que el camino de la movilización popular, del irrespeto al sentido común hegemónico, de pensar una economía desde las necesidades del pueblo y da la nación y no desde las variables del mercado, permite avanzar en forma sólida hacia la creación de una sociedad superior en todos los planos. Por eso guardaremos para siempre el recuerdo del Comandante Chávez entre los grandes de América Latina y el mundo.– 14/03/2013

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.